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Mitos sobre el lubricante: qué es cierto y qué no

Mitos sobre el lubricante: qué es cierto y qué no

Desmentimos los mitos más comunes sobre el lubricante íntimo y qué buscar en una fórmula que cuide tu piel.

Del lubricante sexual se habla poco y muchas veces las ideas que se tienen de este producto son erróneas, por esto vale la pena desarmar algunos de los mitos que siguen circulando alrededor de algo que es en realidad tan cotidiano como cualquier otro en el cajón del buró.

Mito: “Solo lo necesitas si tienes un problema”

Falso. La lubricación natural varía por muchísimas razones —estrés, hormonas, el momento del ciclo, la edad, simple variabilidad del cuerpo de un día para otro— y no tiene nada de “anormal”. Usar lubricante no es un parche para algo que falla; es una herramienta de comodidad, tan válida como aplicarse crema en las manos cuando se sienten secas. No necesita justificación.

Mito: “Todos los lubricantes son iguales”

Falso. La diferencia está en la base. Los hay de agua, de silicona y de aceite, y no todos se comportan igual con el cuerpo ni con el preservativo. Los de aceite, por ejemplo, pueden dañar el látex y no son compatibles con preservativo. Los de base acuosa —como el nuestro— sí lo son, además de ser más fáciles de limpiar y de no dejar esa sensación pegajosa que muchas personas asocian, erróneamente, con “todos los lubricantes”.

Mito: “Solo sirve en el momento, nunca antes ni después”

Falso. Una fórmula bien pensada, a base de agua y glicerina, con extracto de caléndula, puede cumplir una función mucho más amplia: la de un hidratante íntimo de uso diario. La piel de esa zona también se reseca, también pide cuidado constante, y no hay ninguna razón para reservarle atención solo a ciertos momentos. Nuestro Lube está formulado precisamente para eso: acompañar tanto la intimidad como el cuidado diario, sin necesitar dos productos distintos.

Mito: “Una fórmula con ingredientes calmantes puede ayudar a que la piel se sienta más cómoda, en vez de irritarla”

Cierto. Ingredientes agresivos sí pueden irritar, pero una base bien pensada puede ser todo lo contrario. Nuestro lubricante está formulado con extracto de caléndula, una planta reconocida por calmar la piel sensible, en una fórmula vegana, libre de aceites minerales y cruelty free —pensada para sumar calma, no para añadir un motivo más de irritación.

Mito: “Usarlo resta naturalidad al momento”

Falso. Para muchas personas es justo lo opuesto: quita la fricción —literal— que puede volverse incómoda, y permite estar más presente en el momento en lugar de distraída por la molestia. Lo que resta espontaneidad no es el producto; es la incomodidad que se evita al usarlo.

Mito: “Necesitas indicación médica para usarlo por primera vez”

Falso. El lubricante no requiere prescripción ni una razón médica de por medio. Es un producto de cuidado personal más, como cualquier crema hidratante, y elegirlo bien —revisando ingredientes, base y compatibilidad— es una decisión tan cotidiana como elegir cualquier otro producto que se aplica sobre la piel.

Mito: “Un lubricante de base acuosa suele secarse más rápido que uno de silicona”

Cierto. Las fórmulas a base de agua tienden a absorberse o secarse antes, por lo que suele ser normal reaplicar durante el momento. Los de silicona duran más tiempo, pero no siempre son la opción más sencilla de limpiar después.

Mito: “Cualquier lubricante es compatible con juguetes de silicona”

Falso. Un lubricante de silicona puede degradar el material de los juguetes hechos del mismo material. Los de base acuosa son, en general, la opción más segura para usar junto con ellos.

Mito: “Se puede usar ‘de más’ y eso es contraproducente”

Falso. No existe un límite estricto. Se puede aplicar la cantidad que se necesite y volver a aplicar cuantas veces haga falta; no hay una dosis correcta que no rebasar.

Mito: “El lubricante no sustituye la protección que ofrece el preservativo”

Cierto. El lubricante mejora la comodidad, pero no sustituye al preservativo como método de protección. Son dos cosas distintas que pueden —y suelen— usarse juntas.

Al final, hablar de lubricante no debería incomodar más que hablar de una crema para manos. Es cuidado, sin más vueltas: se elige por lo que aporta al cuerpo, no por la explicación que haya que dar para justificarlo.